miércoles, 12 de diciembre de 2012

LA PRIMERA CARTA

Me gustaba un chavo. El no me correspondía, aunque llegó un momento en que lo hizo, y yo estaba consciente de esto. Porque lo sentía, porque lo podía ver. Él me pidió que algún día le hiciera una carta, y, aunque tal vez no la lea nunca, me gustaría hacerla; creo que éste deseo es algo más personal e intimo que simplemente cumplir con la petición de él. Espero sentirme plena, poder cerrar mi ciclo con él y sentirme viva otra vez. Poder descargar todos mis sentimientos, malos y buenos.

"¿Recuerdas la vez que me pediste que te hiciera una carta? Aquí la tienes. La pongo en tus ojos para que la tomes y hagas de ella lo que tu quieras. Te ayudará a entender mejor mis intenciones y sentimientos, y tal vez y hasta podamos tener una relación sana y en paz con nosotros mismos.
Recuerdo la primera vez que te vi. Ya te había visto muchas otras veces en el colegio; yo sabía que eras la persona más lista del mundo. Habías ganado el Enlace en la primaria, y hasta habías ido a visitar al presidente al Distrito Federal. Te admiraba mucho, pero nada más. Hasta que me diste el encuentro, y me gusto la forma en la que hablabas, la forma en que pensabas, y esos ojos verde-azules grandes en los que no me había fijado nunca. 
Nos saludábamos de vez en cuando en los pasillos, y juro que podía escuchar mi canción favorita rondando en mi cabeza cada vez que te veía. Pero sólo era algo pasajero, una atracción física nada más. O eso pensaba yo.
Lo que comencé a sentir por ti estos últimos meses ha derivado y ha hecho que descubra cosas en mí que jamás había visto, o intentado ver. 
Me muero. Me muero una y otra vez al darme cuenta de que TIENES RAZÓN. Me doy cuenta ahora de que eramos una pareja con futuro, pero en un momento equivocado. 
Eres muy parecido a mí, piensas muy parecido a lo que yo pienso y dices lo que yo callo, como si estuviéramos conectados, como si pudieras sentir lo que siento.
Sí me querías, porque lo pude sentir. Yo sí te quiero porque lo sigo sintiendo. Pero ahora veo que eso no vale la pena cuando ninguno de los dos sabemos qué va a pasar con nosotros.
Cuando me confesaste que todo estaba siendo difícil para ti, no lo entendí en ese momento. Pero ahora, creo que lo entiendo. Creo que sé a qué te referías con 'no puedo ver un futuro entre nosotros'. Es difícil ver futuro en dos personas que individualmente no tienen su futuro claro.
Tú estas a punto de dar los pasos más importantes de tu vida; y estás confundido, y asustado, y lo entiendo perfectamente porque yo sé que si estuviera en tu lugar, tal vez lo estaría manejando peor. 
Me di cuenta de que mi futuro también es incierto. Estoy pasando por una etapa de mi vida que intento superar desde hace años. Y ahora puedo ver lo mucho que necesito ayuda, y espacio, y libertad.
Me encantaba platicar contigo. Me hacía sentir segura de alguna manera, y podía olvidar todos los problemas que estaban a mi alrededor, pero el problema es que esa no era la manera de olvidar mis problemas. La manera es afrontarlos y no callarlos nada más. Tú me ayudaste a entender eso.
No te amo. Ni te adoro, ni me voy a suicidar por ti. Y la verdad, y aunque suene egoísta, nada es por ti. Más bien es por mí. Fuiste un factor que me ayudo a poder entenderme un poco más, y te lo agradezco de todo corazón. Eres una gran persona, una persona que, de lo poquito que te conozco (porque sé que, aunque te conozco más de lo que piensas, me faltó muchísimo por conocer), te admiro muchísimo y me gustaría adoptar muchas de tus formas de pensar y de actuar a mi vida diaria. Nunca pensé que pudiera querer tanto a alguien en tan poquito tiempo. 
Te quiero, y te extraño.



Ana."

martes, 11 de diciembre de 2012

INTRO.

Tuve una infancia bonita. Mi primer recuerdo es cuando nació mi hermano. Yo tenía dos años y medio. Casi nadie me cree cuando digo esto, pero sí lo recuerdo. Recuerdo que mi papá me llevó por unas gomitas a la cafetería, y como por arte de magia cuando volvimos al cuarto donde estaba mi mamá, una cosa muy fea y roja estaba en una cuna, al lado de su cama. "Dale un beso a tu mamá" dijo mi papá, y muy obediente fui a darle su beso. Mi mamá empezó a llorar, y yo me asusté mucho, porque pensaba que era mi culpa. Señaló a mi hermano, como para que me asomara a verlo, y para no hacerla llorar otra vez, me acerqué. Sonreí, pues era una niña lista, y  sabía que si lo hacía todos iban a estar contentos, pero no me gustaba aquel niño; estaba muy feo, chiquito y rojo.
Mi abuela tenía una tienda de ropa en su casa, y ella me dejaba jugar a la vendedora cuando no había gente. Le hacía shows en su jardín, y cantaba con la manguera como micrófono. María, la que trabajaba en casa de mi abuela, y yo, siempre íbamos al jardín de atrás a cortar mandarinas. Me dejaba regar el jardín, recogíamos las ciruelas que se caían del árbol más grande del mundo (según mis ojos) y me dejaba ayudarle a hacer las enchiladas. 
Íbamos muy seguido a esa casa, y casi toda mi infancia la recuerdo ahí, como si fuera también mi casa. Recuerdo el olor a libros viejos, al perfume de mi abuela impregnado en las sábanas cuando me quedaba a dormir, y jugar a que era bruja con mi hermano y "volar" por toda la casa con la escoba entre las piernas.
Todos los años íbamos a la cabaña del tío Ángel, en la sierra de Durango. Yo y mis primos íbamos al río a atrapar ranas y culebras, y las llevábamos a la casa gigante de muñecas que habíamos convertido en laboratorio para disecarlas. Después fuimos a la cabaña de la tía Marta, que era un poco más grande y divertida. Ahí jugábamos mucho a las escondidas de noche, e íbamos a las vías del tren abandonadas a contar historias de miedo. Hasta que nos cambiamos a la cabaña de la tía Ana, que es a la que sigo yendo. 
Cuando era Navidad, mis papás me llevaban por todo Torreón Jardín a ver las luces que adornaban las casas, y en Noche Buena nos sacaban a mis primos y a mí a mirar el cielo por si veíamos a Santa, hasta que les hablaban mis tíos y les decían que los regalos de éste ya habían llegado a la casa.
Con mis primos también hice muchas cosas. Hacíamos casas gigantes de colchones, y nos resbalábamos en rampas que hacíamos con éstos mientras veíamos Rocket Power. Comíamos cucharadas de aguacate y de Nutella mientras veíamos Barney, y hacíamos circuitos como una ciudad en el callejón con las bicicletas y las patinetas que teníamos. 
Pero crecí. Y aunque sigo teniendo muchas cosas de cuando era más niña, como que me gustan las luces de navidad, o que agarro las orejas de los demás, he pasado por muchas cosas, y he evolucionado.
Éste blog va a hablar sobre mis transformaciones. Tal vez alguien lo lea, o tal vez nadie lo lea. ¿Y qué más da?